Tenía que ser en Liubliana. El destino, caprichoso y poético, eligió el parqué del Stozice Arena para que España se mirara al espejo y viera de nuevo al campeón que lleva dentro. Se acabó la travesía por el desierto; se terminó la dictadura deportiva de Portugal. En una final que será recordada por la eficiencia letal y el corazón inquebrantable, la Selección Española de Fútbol Sala dio un golpe sobre la mesa para reclamar lo que históricamente le pertenece: su octavo Campeonato de Europa.
El sufrimiento inicial y la pegada letal
La final no comenzó con flores, sino con espinas. Los primeros compases fueron un asedio asfixiante por parte de los hombres de Jorge Braz. Durante cincuenta segundos eternos, España vivió encerrada en su área, achicando agua ante una presión portuguesa que olía a sangre. Dídac Plana, muro y cimiento de este equipo, tuvo que multiplicarse para evitar un desastre temprano.
Pero el deporte de élite no premia las intenciones, sino la contundencia. Y España salió con el rifle cargado. En la primera ocasión que la 'Roja' cruzó el medio campo con criterio, la magia sucedió. Pablo Ramírez, un gigante con pies de bailarín, pivotó para habilitar a Antonio Pérez, quien no perdonó. Fusiló la red y el marcador: 0-1.
El golpe dejó a Portugal grogui y España, oliendo el miedo, mordió de nuevo apenas un minuto después. Cecilio agitó el avispero defensivo rival y Raya, oportunista y letal, firmó el 0-2. La estadística era demoledora: dos llegadas, dos goles. La efectividad de un campeón.
La resurrección lusa y el golpe psicológico
Sin embargo, Portugal no ha dominado el fútbol sala mundial en la última década por casualidad. La entrada de su segunda y tercera unidad cambió el guion. El partido se volvió físico, trabado y eléctrico. Una jugada polémica, donde se reclamó falta sobre Cecilio, terminó con Afonso Jesus recortando distancias (1-2). Poco después, un saque de banda mal defendido permitió a Rúben Góis devolver las tablas al electrónico.
Con el 2-2, el partido entró en una fase crítica. España parecía incómoda, incapaz de tener el balón, sometida al ritmo vertiginoso del rival. Parecía que el descanso llegaría con ventaja moral para los lusos, pero entonces ocurrió el punto de inflexión. Una sexta falta absurda, un manotazo de Erick Mendonça, envió a Antonio Pérez al punto de doble penalti. Con la sangre fría de un veterano, el jienense castigó desde los 10 metros justo antes de la bocina. 2-3 y aire puro para los de Jesús Velasco.
El héroe bajo palos y la sentencia final
La reanudación trajo consigo la mejor versión de Portugal. Pany Varela, una pesadilla constante, robó y asistió para que Pauleta firmara una obra de arte y colocara el 3-3. El partido se convirtió entonces en un duelo de porteros, con Bernardo Paçó erigiéndose en un gigante que frustraba una y otra vez a Gordillo y Rivillos.
El miedo a perder sobrevolaba el Stozice Arena. Diogo Santos tuvo el cuarto para Portugal, pero el balón se negó a entrar. Y cuando más quemaba la pelota, apareció la presión 'Made in Spain'. Cecilio, incansable, recuperó un balón de oro a falta de cuatro minutos. Su asistencia encontró de nuevo a Antonio Pérez, que firmó su 'hat-trick' particular y el 3-4, desatando la locura en el banquillo español.
Jorge Braz quemó sus naves: portero-jugador a falta de dos minutos. Tiago Brito se vistió de otro color, pero la defensa española fue un búnker. La desesperación lusa se tradujo en dureza, pero España ya se sentía campeona. Con Portugal volcado y la portería desguarnecida, Antonio Pérez —indiscutible MVP y máximo goleador— cedió el honor final a Adolfo, que empujó el 3-5 definitivo.
El pitido final no solo marcó el fin del partido, sino el fin de una era de dominio portugués. España vuelve a reinar en Europa. La octava ya está en casa.
PORTUGAL (3): Bernardo Pacó (P); Tomás Paçó, Bruno Coelho, Erick Mendonça y Pany Varela. Suplentes: Lúcio Jr., Afonso Jesús, Diogo Santos, Kutchy, Rúben Góis, Tiago Brito, Pauleta y André Coelho. Entrenador: Jorge Braz.
ESPAÑA (5): Dídac Plana (P); Antonio Pérez, Mellado, Cortés y Pablo Ramírez. Suplentes: Adolfo, Rivillos, Cecilio, Raya, Ricardo Mayor, David Novoa, Adri Rivera y Gordillo. Entrenador: Jesús Velasco.
GOLES:0-1 (2') Antonio Pérez. 0-2 (3') Raya. 1-2 (5') Afonso Jesus. 2-2 (7') Ruben Góis. 2-3 (20') Antonio Pérez (d.p.). 3-3 (30') Pauleta. 3-4 (35') Antonio Pérez. 3-5 (40') Adolfo.
Cancha: Stozice Arena (8.126 espectadores).
Árbitros: Dejan Veselic (Eslovenia) y Nicola María Manzione (Italia).
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